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Sobre esta edición
26 x 17 cm
Lo que opinan los lectores
3,0
3 20
freebo 4 22/02/2021
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Sin ser una maravilla, se deja leer y el dibujo ayuda en gran medida a ello. Siempre que te guste la espectacularidad del noventerismo claro. Situado en plena época del clon, veremos a un Spidey forzado a trabajar con Backlash, en un intercambio estándar de tollinas con un par de sus respectivos enemigos. Palomitero pero disfrutable.
spidei 2 16/10/2018
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Completamente prescindible. Aunque recuerdo muy poco la trama, si que recuerdo perfectamente terminarlo y pensar: "creo que se me está yendo de las manos mi criterii actual". Aunque, claro, el propio titulo ya me estaba avisando 😅
darkdengue 4 23/07/2022
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kuato 3 11/05/2018
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jordik 4 09/01/2018
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antoniozam 2 02/01/2018
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esnuclador 4 12/12/2017
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chungo 3 06/12/2017
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gaston_gabrielchi 1 24/10/2017
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Más opiniones
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fbastion 3 14/03/2026
Esta miniserie publicada conjuntamente por Image Comics y Marvel, es uno de los curiosos cruces editoriales de los años 90, protagonizado por Spiderman en su etapa como Ben Reilly y por Backlash (Marc Slayton), héroe del universo WildStorm. El argumento parte de una premisa sencilla: el asesino Pike manipula a Veneno para que capture a Tabu, una agente con un simbionte que él cree relacionado con Matanza. El secuestro provoca la intervención de Spiderman, que termina aliándose con Backlash para rescatarla y enfrentarse a Pike y Veneno. La historia culmina con una alianza circunstancial entre héroes y villanos para detener una amenaza mayor surgida del propio simbionte. Como relato, la miniserie refleja claramente el espíritu de la industria en los 90. El guion de Brett Booth y Sean Ruffner es funcional pero superficial: la trama sirve sobre todo como excusa para encadenar combates, persecuciones y encuentros espectaculares entre personajes de distintos universos. El cruce entre Marvel y WildStorm apenas explora las diferencias entre ambos mundos, quedándose en un intercambio de golpes más que en un verdadero diálogo narrativo. Donde la obra sí resulta representativa es en su apartado gráfico. El dibujo de Booth apuesta por composiciones dinámicas, anatomías exageradas y un ritmo frenético muy propio del «estilo Image» de la época. Esta energía visual compensa parcialmente la simplicidad del argumento y convierte la miniserie en un producto vistoso y entretenido. En conjunto, funciona más como curiosidad editorial que como historia memorable. Es un ejemplo claro de los crossovers comerciales de los 90: breve, espectacular y pensado para el impacto visual, pero con escasa profundidad narrativa. Aun así, conserva cierto interés histórico para aficionados de Spiderman de la era de Ben Reilly y de los experimentos editoriales entre Marvel e Image.