Thorgal #37

Thorgal #37

El ermitaño de Skellingar

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Thorgal

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LEIF HARALDSON

Tras una incursión en las regiones del sur, una monstruosa tormenta acabó con sus huestes. Enfrentado a lossuyos, y a punto de morir asesinado, logró salvarse gracias a un repentino cambio de tiempo así como a la aparición de una extraña embarcación de metal en la que viajaba un recién nacido. Caudillo de los vikingos del norte, este hombre maduro, fuerte y robusto, con bigote y barba puntiaguda, decidió criar al pequeño, al que llamó Thorgal Aegirsson en homenaje a los dioses que lo pusieron en su camino para salvarlo, y lo adoptó. Leif Haraldson aparece poco en las aventuras de Thorgal, casi siempre de manera sorprendente, como ocurre en La fortaleza invisible, en la que su imagen «golemizada» ataca a nuestro héroe. Las historias breves dedicadas a la infancia de Aaricia y Thorgal resultan mucho más reveladoras. En Primeras nieves, recogido en el álbum Aaricia, sabemos que, al morir Leif Haraldson, «jefe de los vikingos del norte, hijo de jefe y nieto de jefe, señor de los vientos y las olas, príncipe guerrero de cien nobles victorias», el joven Thorgal, con apenas doce años cumplidos, vio cómo Gandalf el Loco le arrebataba su herencia. El relato muestra el acoso que sufrió el hijo de las estrellas tras la desaparición de su padre adoptivo. Cabría preguntarse cuál sería el legado, ya que no físico, al menos espiritual, que Leif Haraldson dejó a Thorgal. La respuesta, una vez más, se encuentra en esos retazos de la infancia de nuestro héroe: un comportamiento recto, un coraje rayano en la temeridad y una concepción del mundo algo descreída, como Leif Haraldson deja entrever en la última página de El talismán, cuando le dice a Thorgal: «Ya aprenderás que los únicos talismanes del hombre son su cabeza, su corazón y su brazo».

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